L’home que pretén veure-ho tot amb claredat abans de decidir, mai decideix.

Henri-Frédéric Amiel

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No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

Jaime Gil de Biedma

Miguel Poveda i Gustavo Llull recreen en aquest vídeo el poema de Jaime Gil de Biedma.

Traficantes de deseos

“¿Y qué podríamos decir de nuestra cultura? En este momento, la cultura occidental presiona para favorecer la insatisfacción y la agresividad. Nuestra forma de vida, la necesidad de incentivar el consumo, la velocidad de las innovaciones tecnológicas, el progreso económico, se basa en una continua incitación al deseo. Este es el gran tema psicológico de nuestra época, tal vez. En 1883 Zola publicó Au bonheur des dames. Treinta años antes se había inaugurado en París Bon Marché, una tienda precursora de la revolución comercial. En su novela, Zola llama “traficantes de deseos” a los propietarios de los grandes almacenes. Durante milenios, la humanidad ha desconfiado de los deseos. En el Tao-Te-Ching, de Lao Tsê puede leerse: <No hay mayor culpa / que ser indulgente con los deseos. / No hay mayor mal / que no saber contenerse. / No hay mayor daño / que alimentar grandes ansias de posesión.> (…)

Para complicar más las cosas, hemos unido la impaciencia a la búsqueda de la satisfacción de nuestros deseos. Estamos olvidando que la capacidad de aplazar la gratificación es el fundamento del desarrollo de la inteligencia y del comportamiento libre. (…)

La impaciencia, al no respetar el tiempo de las cosas -los horticultores sabemos que hay un tiempo para sembrar y un tiempo para recoger, y también un tiempo para luchar contra la arañuela roja, mi pesadilla-, introduce un cambio en los ritmos comunicativos que altera, sin duda, la vida emocional. El deseo impaciente se llama en castellano ansia, y la ansiedad parece ser también una característica de nuestra cultura. Además, la prisa se opone a la ternura. No hay ternura apresurada. La ternura entrega el control del tiempo a la propia manifestación del sentimiento. Ya ve el lector que cuando digo que los sentimientos forman sistema no lo hago a humo de pajas. Aún hay más. Sartre describió la relación de la prisa con la violencia. El apresurado lo quiere todo ahora, y la efracción, la violencia, es el camino más corto. ¿Para qué guardar las formas, que siempre son lentas?”

Fragmento de El laberinto sentimental de José Antonio Marina.

Lo importante es empatar

“Los tangú en Nueva Guinea se negaron a jugar al fútbol si no se cambiaban antes las reglas del juego. A los tangú -gente extravagante, sin duda- no les gusta que haya ganadores y perdedores, por lo que hubo que cambiar la finalidad del partido. Lo importante era empatar, y jugaban hasta que lo conseguían. A veces durante varios días.”

Fragmento de El laberinto sentimental de José Antonio Marina.

Senyor, concedeix-me la serenitat per acceptar les coses que no puc canviar, valor per canviar aquelles que puc i saviesa per distingir una de les altres.

Karl Paul Reinhold Niebuhr

No hay camino más desesperado que el que conduce a la perfección

“Llevaba veinte, treinta, no, cuarenta años practicando tres o cuatro horas al día. Música todos los días desde hacía cuarenta años, concienzudamente, todos los días haciendo ejercicios de digitación, todos los días entendiendo un poco más el significado real de un movimiento; y al mismo tiempo conservando la objetividad: nunca exaltarse cuando suena un forte y nunca ponerse sentimental cuando gime un piano… Cuarenta años tallando, perfeccionado algo en la estructura espiritual de la música, para después extraviarme en la perfección… Sigue leyendo